Recibió el príncipe el poder y la carga de ciento cincuenta mil hombres para conducirlos a la conquista de Xanadu. El palacio de los sucesores del Khan protegían celosamente por que había sido dictado por un sueño y permanecía inconcluso, con su dormida magia reservada a los herederos del imperio. Una guardia de veteranos enmohecidos era toda la defensa del edificio.
El príncipe considero la cuantía de sus huestes, la ferocidad de su armamento.
Se estremeció. Le pesaron su ventaja y esplendor. El palacio era antiguo y reverenciado. Más aun, era una magia y muy arcano. ¿Merecía tal ataque? Pero el más humilde asistente del príncipe comento, mientras limpiaba el calzado de su señor, que nadie había intentado la toma del palacio y gran merito encerraba por ello la expedición.
Se estremeció. Le pesaron su ventaja y esplendor. El palacio era antiguo y reverenciado. Más aun, era una magia y muy arcano. ¿Merecía tal ataque? Pero el más humilde asistente del príncipe comento, mientras limpiaba el calzado de su señor, que nadie había intentado la toma del palacio y gran merito encerraba por ello la expedición.
El ejército del príncipe llego ante los muros del palacio y conmino la rendición de la guardia. La respuesta fueron blasfemias proyectiles, heridas. Tres meses y tres días resistieron los veteranos del aislamiento, el hambre, las acometidas del enemigo. La sed los rompió al fin. Solo quedaba de la reducida tropa un escuadrón en agonía. Pronto los atacantes lo redujeron a despojos y profanaron el palacio.
A la semana de su triunfo, ciento cincuenta mil hombres padecían una epidemia de tifus. El príncipe miro consumirse a sus tropas, los oyó gemir, gritar o maldecirlo. Permanecía intocado por la plaga, condenado a la salvación sin gloria.
El más humilde asistente del príncipe también se mantenía en pie para informarle del ejército devastado por esas criaturas ínfimas, los piojos. El príncipe, absorto en la catástrofe, no había reparado en que su siervo estaba indemne. Lo interpelo:
----¿Cómo libraste lo que mis capitanes mas villasados y por eso la muerte se dilata en tocarme .
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